El final de las vacaciones de verano no siempre significa una vuelta tranquila a la rutina. Para muchas parejas, septiembre se convierte en el mes de las grandes decisiones. Según datos del Consejo General del Poder Judicial y del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre un 20 % y un 30 % de los divorcios en España se presentan en el último trimestre del año, siendo precisamente septiembre el mes con mayor número de solicitudes.
Este fenómeno es conocido como el “síndrome de septiembre”, y responde a varias causas:
• La convivencia intensiva durante las vacaciones pone de manifiesto tensiones ya existentes.
• El inicio del curso escolar y laboral actúa como detonante para formalizar decisiones que se habían postergado.
Un fenómeno en crecimiento
En septiembre de 2024 los divorcios aumentaron un 8,2 % respecto al año anterior, alcanzando un total de 86.595 casos en España. Además, la custodia compartida se ha consolidado como modelo mayoritario, presente ya en casi la mitad de las rupturas.
Retos legales tras el verano
El final de las vacaciones no solo marca un cambio en la vida personal, también plantea desafíos legales importantes:
• Régimen de visitas y custodias.
• Pensiones de alimentos o compensatorias.
• Convenios reguladores.
• Modificación de medidas judiciales cuando las anteriores ya no se ajustan a la realidad familiar.
Actuar sin planificación puede derivar en conflictos prolongados. Las últimas reformas legales, además, han introducido la obligatoriedad de la mediación previa en la mayoría de los procedimientos de familia, lo que hace aún más necesario abordar estas situaciones con preparación.
La importancia de la prevención y el bienestar de los hijos
Cuando los acuerdos de custodia o visitas no se cumplen, o resultan insuficientes tras las vacaciones, existen opciones a considerar:
• La mediación familiar, que puede ayudar a alcanzar acuerdos de forma más ágil y menos conflictiva.
• La modificación de medidas judiciales, adaptando las resoluciones previas a la nueva situación familiar.
En cualquier caso, debe prevalecer siempre una idea fundamental: la defensa del bienestar del menor por encima de cualquier otro interés.


